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Caroline Wozniacki, campeona de Australia



Fecha: 27/01/2018   11:09  |  Cantidad de Lecturas: 766

La danesa hizo un culto de la perseverancia y además volvió al N°1 del mundo




Había muchas cosas en juego. Y Caroline Wozniacki las pudo lograr. La danesa se despojó de una gran espina que tenía atravesada desde que irrumpió en el circuito grande. A los 27 años, conquistó su primer trofeo de Grand Slam luego de haber estado muchos años detrás de ese sueño y haber perdido dos definiciones. En la final del Abierto de Australia, derrotó por 7-6 (7-2), 3-6 y 6-4 a la aguerrida Simona Halep, que en octubre de la temporada pasada había desplazado de lo más alto a la española Garbiñe Muguruza. Ahora fue la rumana quien le cedió el número 1 del ranking a Wozniacki (había ocupado ese lugar por última vez hace seis años, el 29 de enero de 2012). Además, la campeona se llevó un premio de 4 millones de dólares australianos (US$ 3,2 millones).


Cuando la danesa, amiga de la estadounidense Serena Williams, emergió en el circuito deslumbró al gran público del tenis por su juego agresivo y ágil, pero también por su carisma. Sonriente, franca y ocurrente, inmediatamente ganó admiradores en todos los rincones del planeta. Llegó a improvisar una fábula durante una rueda de prensa en el Abierto de Australia 2011 que tuvo efectos impensados. Wozniacki dijo que había sido atacada por un canguro y que debió acudir al hospital para tratarse la herida, pero ante la preocupación y la enorme repercusión generada en las horas posteriores, tuvo que salir a aclarar que tan solo había sido una broma y en la próxima rueda de prensa apareció ante las cámaras con ironía y cargando un canguro de peluche. "Espero que las conferencias de prensa en el futuro sigan siendo divertidas. Prometo que si hago una broma como ésta, me aseguraré de aclararlo antes de irme", sonrió la rubia de 1,77 metro frente a los medios.


Chispeante, ganadora y con fuerte personalidad, alcanzó lo más alto del ranking en octubre de 2010. Para muchos fue una sorpresa; para ella, no. Se había entrenado para lograrlo. Ese año, más 2011 y 2012 los terminó arriba de todas sus rivales (en total estuvo 61 semanas en esa posición). Sin embargo, en el mismo Abierto de Australia de la broma con el canguro quedó eliminada ante la china Li Na en las semifinales después de haber tenido punto para partido, lo que le representó una enorme frustración. Mucho más duro, claro, fue haber perdido las finales del Abierto de los Estados Unidos en 2009 (ante la belga Kim Clijsters) y en 2014 (frente a Serena, por entonces la número 1 del mundo).


Con el paso del tiempo su tenis empezó a perder alegría y frescura. La tenista pasó a ser noticia por su matrimonio fallido con el golfista norirlandés Rory McIlroy, que la dejó -por teléfono- cuando ya estaban comprometidos y enviadas las invitaciones al casamiento. "Me quedé en estado de schock, pensé que al menos sería cara a cara o algo así, pero fue una llamada de teléfono y ya no oí nada más de él desde aquella vez", confesó Wozniacki, luego de haber hecho el duelo.


Sin embargo, aquellos momentos de tristeza y melancolía dentro y fuera de la cancha quedaron atrás. Recobró el mejor nivel y también la felicidad personal. El año pasado estuvo lleno de emociones fuertes para la danesa: se comprometió con el exjugador de básquetbol David Lee y cerró la temporada logrando el Masters de Singapur, más el ascenso al segundo lugar. "Tener a David a mi lado, con la carrera increíble que ha tenido en la NBA, siempre ayuda. Siempre es muy positivo y alegre todo el tiempo", contó. "Cuando estás más grande adquieres más experiencia, aprendes a leer mejor el juego. Creo que he añadido algunas cosas a mi tenis, aunque manteniendo la base que me hizo exitosa", apuntó la tenista que ostenta 28 títulos (y 24 finales).


Admiradora de Steffi Graf y Martina Hingis, Wozniacki debió batallar durante 2h49m frente a Halep en la definición de Australia. La mente, el "músculo" más importante del tenis, tuvo su papel principal, sobre todo en el set final (se quebraron el saque siete veces). Además, ambas debieron superar un aspecto periférico y muy demandante: el calor (29°) y la humedad (60%). En el descanso posterior al segundo set la umpire aplicó la "heat rule" y las jugadoras se fueron al vestuario durante diez minutos para refrescarse. Pero Wozniacki logró enfocarse y superar todos los obstáculos para lograr, finalmente, lo que tanto se le había negado: su primer Grand Slam. Cuando Halep, que acarreaba el peso de haber perdido las finales de Roland Garros 2014 y 2017, dejó su revés en la red, la danesa se derrumbó sobre la superficie azul del Rod Laver Arena y se largó a llorar. Perseverante hasta el cansancio, el sueño, finalmente, se había cumplido. Ahora ya puede sonreír para siempre.
 



Fuente:  27 de enero de 2018 (LN-Derf)








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